Lance Armstrong lanzó esta mañana una bomba que ha
llegado a todos los estamentos deportivos y ha creado una gran ebullición en
las redes sociales. El americano colgó en su web la renuncia a seguir luchando para demostrar su
inocencia en los hechos que la
USADA , Agencia Antidopaje de EUU, le inculpa sobre su
presunta red de dopaje entre los años 1999 y el 2005.
El americano fue el gran dominador del ciclismo
moderno, cambiando los métodos de entrenamiento y basando el éxito de toda la
temporada en su rendimiento el la ronda francesa. A través de un estilo
agresivo en montaña e imparable contra el crono, Armstrong construyó a su
alrededor un equipo de leales gregarios que le llevó a tiranizar todas las
ediciones del Tour desde el lluvioso prólogo de Le Puy de Fou del 99 hasta
París 2005.
Durante toda su dictadura, la sombra del dopaje se
fue ciñendo sobre el que ya se había
convertido en icono mediático, mucho más allá del ciclismo o el deporte. Su
historia, la de un superviviente al cáncer y de la lucha diaria, iluminó a un
público dolido un año después del escándalo Festina, pero empezó a oscurecerse
después de relaciones con doctores de dudosa reputación, así como de mostrar al
público la arrogancia del que se sabe ganador y el mejor o incluso de reconocer
su amistad con el presidente Bush.
En España, país posesivo y reticente a lo
desconocido, Armstrong pasó a ser el enemigo número uno en el momento que la
posibilidad de batir el mito Indurain empezó a ser real. Así, en 2003, en el
Tour del centenario y de la caída del Beloki más valiente, España pareció
adoptar a Ullrich como propio, en un último intento de destronar al americano
antes de ponerse a la altura del navarro.
Entonces, las acusaciones sobre dopaje ya eran
frecuentes. L’Equipe nunca acabó de ver con buenos ojos el estilo del americano
en su carrera, ya rebautizada como Le Tour de Lance, por lo que año tras año
fue sembrando dudas y sombras encima de la extraña historia de alguien que
nunca destacó en las grandes vueltas antes de su enfermedad.
Precisamente el mismo periódico francés publicó
hace 7 años en lo que calificó como “Le Mensonge Armstrong” (La mentira Armstrong), las pruebas que
demostraban presencia de EPO en los análisis de orina del Tour de 1999.
Entonces ya estaba en todas las librerías “L.A. Confidentiel – Les secrets de Lance
Armstrong”,
que mostraba evidencias de dopaje según su ex-masajista Emma O’Reilly y otras
personas de su entorno.
El filón comercial del dopaje se seguiría
exprimiendo con otros libros, como “L.A.
Officiel” (Octubre 2006) y “From Lance to Landis” (Junio 2007); lo que demuestra la globalidad del
personaje más allá de las carreteras.
“The Boss”, el que nunca había sido derrotado en
la carretera, tenía enfrente al enemigo más fuerte: sospechas, acusaciones y
realidades de las que se defendía con una frase: “He pasado más controles que nadie y nunca he dado positivo”.
Cierto, pero a ojos del mundo era como tantos otros. Ciclista. Ganador.
Sospechoso. Culpable.
Además, muchos de sus compañeros de equipo reconocieron haberse dopado, mientras
que otros testificaron en su contra o simplemente cayeron en los
controles deportivos: caso de Hamilton o Landis. Si todos ellos tenían un
pasado oscuro y estuvieron en el US Postal o posterior denominación, ¿no sería
Lance como ellos? El ruido alrededor de su figura iba desgastando la imagen de
hombre fuerte e impenetrable, convirtiéndose en fruta madura que en algún
momento harían caer si no caía sola.
Pero los libros y los rumores, al fin y al cabo,
no tenían poder suficiente para demostrar que Armstrong ganó bajo el efecto de
las sustancias prohibidas. Poder que sí tenía la USADA cuando le acusó abiertamente el pasado Junio de haberse dopado.
Ésta ya no era una acusación particular que
pudiera acabarse con un pacto extrajudicial, con una transferencia o un cheque
en blanco. La USADA
iba contra él, y demasiada gente quería su caída. Una derrota que no vieron en
las carreteras y que ahora anhelaban ver tantos años más tarde. El Tour de
Lance pasaría a ser una farsa y la historia le daría la espalda si se podían
demostrar las acusaciones. Y el penúltimo capítulo fue la desestimación de la demanda del acusado contra el acusante el
pasado 20 de agosto. Todo seguía igual. Hacia delante. Sin marcha atrás. Sin
salida de emergencia.
Hoy, Lance Armstrong ha dicho basta. “Enough is enough”. Que digan lo que quieran. Que le quiten lo
que deseen. Ya se ha dejado demasiadas cosas por el camino. Demasiadas fuerzas
gastadas y demasiado coste. No seguirá luchando para demostrar que es el mejor
ciclista de la historia del Tour. Ya no.
Su decisión se entenderá de todas las formas
posibles, pero la Agencia
ya ha presentado la propuesta para retirarle todos sus triunfos desde 1998.
Este organismo no tiene potestad para quitarle ningún triunfo de manera
oficial, pero es habitual que la
UCI , el órgano competente, ratifique las propuestas de
federaciones y agencias nacionales.
Veremos lo que pasa y tendremos que esperar para saber
si la historia del ciclismo moderno cambia definitivamente.
Hoy, por primera vez, Lance se bajó de la
bicicleta. Lance, dijo basta

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