24.8.12

CUANDO ARMSTRONG DIJO BASTA




Lance Armstrong lanzó esta mañana una bomba que ha llegado a todos los estamentos deportivos y ha creado una gran ebullición en las redes sociales. El americano colgó en su web la renuncia a seguir luchando para demostrar su inocencia en los hechos que la USADA, Agencia Antidopaje de EUU, le inculpa sobre su presunta red de dopaje entre los años 1999 y el 2005.

El americano fue el gran dominador del ciclismo moderno, cambiando los métodos de entrenamiento y basando el éxito de toda la temporada en su rendimiento el la ronda francesa. A través de un estilo agresivo en montaña e imparable contra el crono, Armstrong construyó a su alrededor un equipo de leales gregarios que le llevó a tiranizar todas las ediciones del Tour desde el lluvioso prólogo de Le Puy de Fou del 99 hasta París 2005.

Durante toda su dictadura, la sombra del dopaje se fue ciñendo sobre  el que ya se había convertido en icono mediático, mucho más allá del ciclismo o el deporte. Su historia, la de un superviviente al cáncer y de la lucha diaria, iluminó a un público dolido un año después del escándalo Festina, pero empezó a oscurecerse después de relaciones con doctores de dudosa reputación, así como de mostrar al público la arrogancia del que se sabe ganador y el mejor o incluso de reconocer su amistad con el presidente Bush.

En España, país posesivo y reticente a lo desconocido, Armstrong pasó a ser el enemigo número uno en el momento que la posibilidad de batir el mito Indurain empezó a ser real. Así, en 2003, en el Tour del centenario y de la caída del Beloki más valiente, España pareció adoptar a Ullrich como propio, en un último intento de destronar al americano antes de ponerse a la altura del navarro.

Entonces, las acusaciones sobre dopaje ya eran frecuentes. L’Equipe nunca acabó de ver con buenos ojos el estilo del americano en su carrera, ya rebautizada como Le Tour de Lance, por lo que año tras año fue sembrando dudas y sombras encima de la extraña historia de alguien que nunca destacó en las grandes vueltas antes de su enfermedad.

Precisamente el mismo periódico francés publicó hace 7 años en lo que calificó como “Le Mensonge Armstrong” (La mentira Armstrong), las pruebas que demostraban presencia de EPO en los análisis de orina del Tour de 1999. Entonces ya estaba en todas las librerías L.A. Confidentiel – Les secrets de Lance Armstrong, que mostraba evidencias de dopaje según su ex-masajista Emma O’Reilly y otras personas de su entorno.

El filón comercial del dopaje se seguiría exprimiendo con otros libros, como “L.A. Officiel” (Octubre 2006) y From Lance to Landis” (Junio  2007); lo que demuestra la globalidad del personaje más allá de las carreteras.

“The Boss”, el que nunca había sido derrotado en la carretera, tenía enfrente al enemigo más fuerte: sospechas, acusaciones y realidades de las que se defendía con una frase: “He pasado más controles que nadie y nunca he dado positivo”. Cierto, pero a ojos del mundo era como tantos otros. Ciclista. Ganador. Sospechoso. Culpable.

Además, muchos de sus compañeros de equipo reconocieron haberse dopado, mientras que otros testificaron en su contra o simplemente cayeron en los controles deportivos: caso de Hamilton o Landis. Si todos ellos tenían un pasado oscuro y estuvieron en el US Postal o posterior denominación, ¿no sería Lance como ellos? El ruido alrededor de su figura iba desgastando la imagen de hombre fuerte e impenetrable, convirtiéndose en fruta madura que en algún momento harían caer si no caía sola.  

Pero los libros y los rumores, al fin y al cabo, no tenían poder suficiente para demostrar que Armstrong ganó bajo el efecto de las sustancias prohibidas. Poder que sí tenía la USADA cuando le acusó abiertamente el pasado Junio de haberse dopado.

Ésta ya no era una acusación particular que pudiera acabarse con un pacto extrajudicial, con una transferencia o un cheque en blanco. La USADA iba contra él, y demasiada gente quería su caída. Una derrota que no vieron en las carreteras y que ahora anhelaban ver tantos años más tarde. El Tour de Lance pasaría a ser una farsa y la historia le daría la espalda si se podían demostrar las acusaciones. Y el penúltimo capítulo fue la desestimación de la demanda del acusado contra el acusante el pasado 20 de agosto. Todo seguía igual. Hacia delante. Sin marcha atrás. Sin salida de emergencia.

Hoy, Lance Armstrong ha dicho basta. “Enough is enough”.  Que digan lo que quieran. Que le quiten lo que deseen. Ya se ha dejado demasiadas cosas por el camino. Demasiadas fuerzas gastadas y demasiado coste. No seguirá luchando para demostrar que es el mejor ciclista de la historia del Tour. Ya no.

Su decisión se entenderá de todas las formas posibles, pero la Agencia ya ha presentado la propuesta para retirarle todos sus triunfos desde 1998. Este organismo no tiene potestad para quitarle ningún triunfo de manera oficial, pero es habitual que la UCI, el órgano competente, ratifique las propuestas de federaciones y agencias nacionales.

Veremos lo que pasa y tendremos que esperar para saber si la historia del ciclismo moderno cambia definitivamente.

Hoy, por primera vez, Lance se bajó de la bicicleta. Lance, dijo basta

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