5.11.12

Y los sueños, sueños son. El Euskaltel-Euskadi como muestra de país

El Euskaltel seguirá siendo del World Tour tras muchas dudas

Hablar del País Vasco (O Euskadi según el origen del lector) es hablar de una tierra distinta. Compleja, se podría llegar a decir; pero sin entender la idea de complejidad como retorcida o trabada, sino profunda y llena.

Escribir y evaluar el significado y el por qué de mucho de los elementos que rodean Euskadi ha sido tema tabú y de controversia por sus circunstancias contemporáneas. Comprensible si se tiene en cuenta que demasiado tiempo se han buscado vencedores y vencidos a tenor del concepto “conflicto vasco”

Siendo objeto de análisis y debate, muchos de los estudios sociológicos relacionados concluyen en su marcada idiosincrasia así como en un reconocido sentimiento de pertenencia comunitario. El resultado de las reciente elecciones, con un 60% de los votos a PNV y Bildu, es el último gran ejemplo

La cultura, las tradiciones, el idioma… Muchos son los elementos distintivos que, evidentemente, también afectan el mundo deportivo del territorio.

El ciclismo es en el País Vasco una práctica histórica y común, así como la afición generalizada que dicho deporte despierta. Solo hay que comprobar los más de 250 clubes inscritos en la Federación Vasca, incluidos 10 equipos que compiten a nivel amateur. Mención aparte reciben el Orbea, equipo continental, y el Euskaltel – Euskadi, icono y bandera de las dos ruedas.

Hace poco menos de veinte años, precisamente en junio de 1993, se constituyó la Fundación Euskadi con la intención de “promocionar, divulgar y promocionar el ciclismo vasco” y crear un equipo ciclista profesional que vería la luz la temporada siguiente. Los miembros de la plantilla, volviendo a la singularidad, deberían ser en su totalidad vasca o haber sido formados en equipos del territorio. ¿Locura, exceso de ambición o valentía? Posiblemente una mezcla de las tres se proyectó en José Alberto Pradera, por aquel entonces diputado general de Vizcaya, y en Miguel Madariaga, el motor de un equipo embrionario y que ahora vive desde otra perspectiva la actualidad de su creación, ahora ya mayor de edad.

Los inicios fueron difíciles. Mucha ilusión, optimismo y pasión para dar forma a algo más que un simple proyecto, pero que no se traducía en cheques o transferencias bancarias para poder sostener una estructura ambiciosa.

Dudas e incertidumbre económica acompañarían al equipo en los primeros meses, aunque con la sensación de que algo tendría que estar haciéndose bien si en la primera plantilla figuraban nombres contrastados como Ruiz-Cabestany o González Salvador, además de jóvenes valores como Iñigo Cuesta, Roberto Laiseka, César Solaun o Agustín Sagasti. Precisamente este último inscribió su nombre en la historia al estrenar el casillero del equipo en casa, en la Vuelta al País Vasco, después de rodar 80 kilómetros en solitario. Primera alegría después de tanto esfuerzo.

El equipo, modesto y vestido como no podía ser de otra manera con los colores de la ikurriña a pesar de que el blanco fuera el principal, contaba con el apoyo político y empezó a calar entre el aficionado base.

La llegada de Euskaltel

En 1997, la empresa de telecomunicaciones vasca se sumó al proyecto inyectando una valiosa cantidad de dinero que mitigaría la deuda del equipo y pondría los cimientos para estabilizar la Torre de Babel del ciclismo vasco.

Por aquel entonces el equipo contaba con 15 victorias en su palmarés,  la gran mayoría de nivel inferior y descafeinadas en comparación con las 40 conseguidas desde 2009, pero que fueron la base para que la cadena siguiera moviéndose.

La popularidad del equipo aumentó a medida que los logros y resultados también llegaban. En 1998 el equipo consiguió su primera victoria en suelo francés. Txema del Olmo en el Tour del Porvenir, carrera en aquel entonces con un reconocimiento mucho mayor y con nombres ilustres como el de Indurain o Lemond en su palmarés, obtendría una etapa y el segundo puesto en la general por detrás de un prometedor Christophe Rinero. La extensión del equipo del 050 seguía su crecimiento imperturbable.

La sensación era que Euskaltel-Euskadi ya tenía una consistencia sólida dentro de un pelotón nacional donde Banesto y ONCE seguían siendo los grandes iconos. El primero aún era el equipo de Indurain y contaba con Abraham Olano, su sucesor por unanimidad, y que más adelante sonó como posible fichaje estrella del entonces equipo de Julián Gorospe; mientras que la escuadra de Manolo Sainz tiraba de Laurent Jalabert para cubrir el hueco que provocó la marcha de Alex Zulle al todopoderoso y posteriormente maldito Festina.  Con unos recursos mucho más limitados, el equipo vasco tiraba de cantera, y nombres como los hermanos González de Galdeano, Beloki o Unai Etxeberria eran los valores de una plantilla que viviría el año siguiente su primer gran éxito en la Vuelta España.

Tuvo que ser Roberto Laiseka, el eterno abanderado de los valores del equipo vasco, quien levantara los brazos en el Alto de Abantos en la Vuelta del 99. Ciclista con fama de cascarrabias, nombrado “medio español” por el siempre polémico y malogrado Chaba Jiménez y tildado de “corredor modesto” por la mayoría de medios estatales, el de Gernika regaló al equipo una victoria más que necesaria para la confirmación de la marca. Nadie podía imaginar que el mismo protagonista multiplicaría su éxito un par de años después en un mítico puerto del Pirineo francés.

Euskaltel ya se codeaba con los grandes y su 5º puesto en la clasificación por equipos así los reflejaba. En aquella histórica Vuelta, además, Igor González de Galdeano con el rojo de Vitalicio Seguros, se vio únicamente superado por un recuperado Jan Ullrich que conseguiría, en un dato sorprendente, su segunda y última gran vuelta por etapas. El resultado reivindicaba el trabajo de cantera vasca del Euskaltel y su propia manera de entender el ciclismo.

Cantera, por cierto, que traería un año después a corredores ilustres para la historia del equipo como Ibán Mayo, que ya despertaba interés en su primer año de profesional y Samuel Sánchez, a quien le costaría un poco más conseguir triunfos de renombre.

Para entender el significado de lo que el Euskaltel-Euskadi es para el ciclismo vasco debemos avanzar hasta el 22 de julio 2001, fecha recordada por las decenas de miles de aficionados vestidos de naranja en las montañas pirenaicas que vieron culminado el objetivo final de una idea loca nacida ocho años atrás.

El proyecto había madurado aún más hasta conseguir el mejor fruto posible entre pedales, bicis y carreras. Se volvió a mojar en la Vuelta de 2000 a pesar de le decepción de no estar en la edición del Tour, donde sí saldrían de partida el año siguiente. Antes, el equipo había brillado en el prestigioso Dauphiné junto a Armstrong y Hamilton después de llevarse la Euskal Bizikleta, ascendido a Primera División y se había conseguido el fichaje del doble ganador de etapas en el Tour, David Etxeberria. Euskaltel ya no sería nunca más un equipo segundón.

Aquella tipología de equipo, aguerrido, ambicioso, joven  y con un apoyo popular único gustaba, y mucho, a Jean Marie Leblanc. Ciclista y posteriormente periodista deportivo, Leblanc era el patrón del Tour. En definitiva, aquel que decidía a quién invitar a cenar a su carrera y a quién dejar en la calle.

Así que en mayo de 2001, justo un par de meses antes del inicio de la ronda, el director del mayor circo ciclista se olvidó de llamar a hombres como Pantani, Escartín, Zulle o Cipollini, hombres con historia en la carrera gala, para dar las llaves de entrada a la mansión a un Euskaltel cargado de ilusión y savia nueva.

El recorrido de aquel año contenía tres etapas en los Pirineos. Tres etapas que pasaban muy cerca de casa de un equipo con corredores únicamente vascos y de su cantera. Tres etapas para que los aficionados animaran y bailaran al ritmo del pedaleo de sus chicos. De los chicos de naranja. Del naranja del Euskaltel – Euskadi.

Y así fue, durante el tríptico pirenaico la carrera se inundó de ikurriñas, de pancartas, de aficionados vascos... Era su momento. El momento de mostrar al mundo qué era Euskadi y como eran sus habitantes.

Vázquez Montalbán dijo acertadamente en su día que el Barça era “el ejército simbólico desarmado de Catalunya”. Una especie de herramienta reivindicativa cada vez que jugaba por la meseta en particular o por Europa en general. El Euskaltel, en esa línea, era el altavoz internacional de una tierra singular con un proyecto único. Y en aquel mágico mes de julio sus aficionados lo sabían. Ni Athletic ni Real Sociedad. Euskaltel por encima de todos y con todos.
El éxtasis llegó la tarde del 22 de julio. Tuvo que ser el de siempre, Roberto Laiseka, el abuelo de aquella plantilla debutante en el Tour, quien protagonizara una ascensión épica a Luz Ardiden para grabar su nombre en la historia al lado de Perico Delgado, Cubino, Indurain o Virenque. Al lado de los grandes. Ya no eran humildes invitados. Eran protagonistas. Ganadores.

Como también fueron protagonistas, intérpretes del triunfo, los jóvenes Mayo y Zubeldia en el  Tour de 2003. El de los cien años de carrera, el de la caída de Beloki y el quinto de Armstrong, quien sudó su victoria más que nunca. Los Alpes, concretamente el Alpe d’Huez, fue esta vez el escenario elegido para rubricar otra gesta naranja. Aquel día el americano sufrió los ataques de todos sus adversarios y tuvo que ver como Ibán Mayo volaba, literalmente, hasta ser el primero en meta. Una meta que también cruzaron victoriosos hombres como Coppi, Hinault, Bugno o Pantani. Casi nada.

Probablemente aquella fue la edición donde los hombres de Gorospe lucieron más y fueron realmente candidatos al podio de París. Algunas flaquezas de Zubeldia en la montaña y las carencias de Ibán contra el crono imposibilitaron poder ir más allá, pero los meritorios 5º y 6º puestos respectivamente siguen siendo el mejor resultado de la historia del equipo en la Grande Boucle.

La sensación era que se estaba muy cerca del límite del rendimiento deportivo. Solo faltaba subir al podio en alguna gran vuelta, pero cualquier comparación con el último trienio saldría perdiendo.

Los años siguientes los resultados no se repitieron a pesar de notables éxitos como la Vuelta a Suiza de 2005 o la Dauphine del mismo año. Ibán Mayo no fue el tornado que tenía que batir al americano y, junto a la otra estrella del equipo, Haimar Zubeldia, no acabaron de confirmar las expectativas que levantaron en un bloque con ciclistas ya consagrados

Cambio de rumbo

El equipo necesitaba un cambio. Algo que hiciera virar una dinámica estancada. Una renovación. Y así fue. En 2007 el equipo empezaba a rodar sin su director más exitoso, Julián Gorospe, sin su estrella mediática, Ibán Mayo, y sin el que siempre estaba, Roberto Laiseka. Era la hora del cambio generacional. Samuel Sánchez asumió galones, e irrumpió con fuerza Igor Antón con grandes alegrías en la montaña. El asturiano, además, daría un paso más en la aventura del equipo al subir en el podio de la Vuelta de aquel año y conseguir tres etapas más.

En los años siguientes el equipo plantaría su bandera en grandes carreras donde no había ganado antes, como en el Giro o, evidentemente, los Juegos Olímpicos que llevaron finalmente a Samuel Sánchez al estrellato. Inexplicable es el caso de este todoterreno capaz de ganar en todas las disciplinas y con brillante palmarés, pero que sigue sin ser considerado un top. El entorno mediático de los pedales, aquel que a veces se interesa por lo que pasa más allá del mes de julio, prefiere cantar las gestas de Contador, Valverde o incluso Freire, antes que las hazañas del campeón olímpico o Joaquim Rodríguez, corredor similar al ovetense.

Euskaltel-Euskadi ha sido durante 18 años la esencia del ciclismo vasco más allá de cualquier color o región. No solo por la procedencia sino por una particular forma de encarar la competición, conseguir los objetivos y por lo que representa a nivel regional. Un claro ejemplo. El mensaje de Ardanza en la presentación  de la temporada pasada fue un contundente “Honrad a este país”, más habitual en misiones bélicas que en actos deportivos. Ligeramente distinto fue el mensaje que se proyectó en la presentación del Movistar. “Honrad la marca”. Sin más.

De origen humilde, el aficionado tendió a ver el equipo como una especie de hermano pobre del pelotón, pero con agallas y valor para hacerse respetar. Estos valores, sea dicho, congenian con el carácter vasco medio, aquel que le gusta sentirse diferente y especial sin caer en la arrogancia. Por eso, reivindicarse como un equipo ganador sin haber perdido nunca su identidad conllevó que la singularidad de la escuadra celebrara con más entusiasmo los triunfos internacionales que los peninsulares, seguramente porque el mencionado altavoz de la tierra llevaría su propia realidad cuanto más lejos mejor.

No es cuestión de politizar o encasillar un equipo deportivo, pero la marca Euskadi movilizó a millares de aficionados que no solo iban a ver una carrera ciclista, sino a formar parte de un objetivo. Por ejemplo, no hay ni punto de comparación entre el seguimiento del equipo en la Vuelta o en el Tour, ya no por la propia extensión de la carrera, sino por el hecho que en España seguramente no hay nada más que decir, y en Francia la repercusión es cinco veces mayor. Solo así se consigue que el mundo conozca qué es aquella inscripción blanca en el maillot naranja de esos locos sobre ruedas, y traspasar las fronteras regionales y nacionales a través de la épica, el deporte y el triunfo.

Ganar gusta, pero hacerlo identificado con la gente de casa es otro nivel. Y el aficionado vasco se siente bien así.

Por este motivo, el ambiente se ha enrarecido este final de temporada cuando la dirección del equipo ha hecho, después de casi dos décadas, los primeros fichajes de extranjeros. De intrusos. De mercenarios. ¿Cómo puede ser que la esencia de este equipo se marchite así, sin más, cuando el equipo ha tocado el cielo con su propia gente? ¿No se dan cuenta que no será lo mismo? Además, ¿qué sabrán ellos de Euskadi?

El escepticismo y el recelo a lo desconocido es una reacción tan antigua como la propia humanidad, sobretodo en ambientes cerrados o con mucha afinidad. En este caso, el grupo en cuestión cuenta con miles de simpatizantes que ven como aquel ideal que tantas alegrías les había dado emite señales de socorro y abre las compuertas del barco a todos aquellos que puedan remar, vengan de donde vengan. ¿Realmente ya no nos valemos por nosotros mismos?

Por historia, el vasco ha preferido mayoritariamente caminar solo que mal acompañado, buscándose la vida por su cuenta hasta encontrar un sitio donde considere que estará a gusto. Por eso, cuando Igor González de Galdeano anunció que el año próximo la escuadra contaría con un marroquí, un griego o un esloveno entre otros, la mayoría frunció el ceño en busca de respuestas.

Y la respuesta es clara. Estos intrusos son, guste o no, la tabla de salvación para asegurar la continuidad del equipo en la élite mundial, quimera que con la plantilla “pura” seguramente no hubiera sido posible.

Había dos vías a escoger: la romántica o la dura. La primera llevaba a un posible final trágico digno de Shakespeare. Seguir como siempre, enamorados de una idea con las consecuencias que ello tuviera y confiar en la bondad de los organizadores. La vía dura, la elegida, es la que rompía la tradición sagrada de la casa. Solo vascos o cantera.

Habrá que aceptar que el equipo no podía vivir de una idea virginal, sino que al fin y al cabo lo que busca Euskaltel, la empresa, es seguir mostrando su nombre a todo el mundo sin tener que ganarse el pan carrera tras carrera.

Pase lo que pase, a partir de 2013 el ciclismo vasco ya no será el mismo y el aficionado lo sabe. Ya no habrá el vínculo único de ganar juntos a Goliat: unos con la bicicleta y el otro con el aliento desde la cuneta. Ya no tendrán la sensación de querer ser los mejores siendo diferentes. De no querer ganar cueste lo que cueste, sino con un transfondo mucho más profundo que el propio deporte. De estar representados en el esfuerzo de su pedaleo. Ya no. Seguirán estando entre los mejores, pero el Euskaltel ya no será más el altavoz internacional de la causa vasca. Y los aficionados, aquellos por los que se corre más allá del propio patrocinador, no cesarán de animar a los naranjas; pero recordando que cualquier tiempo pasado fue mejor. 

25.10.12

ARMSTRONG Y EL TOUR: LO QUE NUNCA EXISTIÓ

Organismos y protagonistas eliminan cualquier prueba de su propia historia



Después de lo que se vivió el pasado lunes, cuando la UCI noqueó a Lance Armstrong quitándole sus victorias en el Tour a partir del informe de la USADA, hay que reconocer que la resaca ha sido relativamente dócil. 

El trago que McQuaid nos ofreció, pidiendo que se olvidara al americano y catalogándole de "mentira", era de alta graduación y potencialmente explosivo, pero a pesar de algunas reacciones concretas, la efervescencia ha disminuido con el paso de los días. 

Había expectación para ver qué se comentaba durante la presentación del Tour, otrora "Le Tour de Lance, y si bien se especuló que no habría palabras al respecto, finalmente el director general del Tour, Christian Prudhomme reconoció la evolución de la lucha contra el dopaje y pidió en la misma línea más implicación a los equipos.

Pero, ¿y del resto? Vimos a las estrellas del pelotón empatizar, reafirmar o callar, pero nada sabemos de manera cierta del propio Armstrong. Únicamente modificó su perfil de Twitter, donde se presentaba como séptuple ganador de la ronda gala, y que evidentemente levantó comentarios por la red. 



Los medios hicieron cábalas y diferentes interpretaciones, lo que llevó a titulares contradictorios en el mismo espacio de tiempo. Algunos ya anunciaban recursos al TAS, mientras que otros veían al de Austin entregado


Lo que personalmente no esperaba era que el propio Tour, quien pidió dejar en blanco el palmarés de la carrera de las consabidas ediciones, también se quitara de encima toda la historia de aquellos años.

Paseando por la web oficial, www.letour.fr,  quería comprobar unos datos relacionados con la "otra" carrera del centenario, la de 2003, y mi sorpresa fue que según el portal, simplemente no existió. Como tampoco hay informaciones desde 1999 hasta 2005.


¿Así de fácil? Esconder los archivos de aquellos años es basarse en el "ojos que no ven, corazón que no siente" tan habitual en aquellos que no se atreven a introspeccionar su propia existencia ni dominar su propio destino

Evidentemente que el shock de aceptar que el mito de aquellos años se dopó conlleva una cierta pérdida de orientación, pero eliminar cualquier aire o perfume de todo lo que rodeó aquellos años es ningunear el resto de participantes y a los aficionados al ciclismo. Y nadie se lo merece.

La verdad nos dolió, y mucho. Pero como también hubo vida después del 98, el ciclismo seguirá rodando a pesar del terremoto Armstrong.

22.10.12

EN RECUERDO DE LANCE ARMSTRONG, AQUEL GRAN OLVIDADO


La historia del americano con el Tour y el dopaje


Grises nubes vuelven a aparecer en el horizonte ciclista después de que la tormenta Armstrong haya vuelto a empapar el mundo del deporte al saberse desposeído de sus siete Tour.

El pasado día 22, la UCI, con McQuaid a la cabeza, ha eliminado de un disparo la historia reciente del ciclismo moderno, y convertido al texano en su víctima para lavar la dañada imagen del organismo. Armstrong, por cierto, nunca dio positivo en ningún control, pero los hechos que se recogen en el informe de la USADA donde se explica como era “la red de dopaje más sofisticada”, pesa demasiado. El linchamiento público al que ha sido sometido, queda como algo secundario.

Nadie, absolutamente nadie saldrá ganador de esta batalla finalizada pero con más de 13 años de duración. Su primera victoria en el Tour, en 1999, ya se vio inmersa en las primeras sospechas de dopaje por parte de la prensa. El precedente del escándalo Festina aún era reciente y alguien que había sufrido sesiones de quimioterapia, sin haber demostrado antes unos grandes dotes para las carreras de 3 semanas, le convertían automáticamente en sospechoso.

A pesar de los recelos intrínsecos del propio ciclismo, la victoria del americano también se quiso transmitir como la savia nueva del pelotón. Superviviente de cáncer, con proyección e imagen internacional, valiente en la carretera, limpio del Tour del 98… Realmente cumplía los requisitos. Era un elegido. Había que cerrar heridas. Tábula rasa. Ano I d. Festina.

Los medios se le tiraban encima y más adelante desde los EEUU se rebautizaría la carrera como “le Tour de Lance”. El ciclismo ya tenía su nuevo icono, que no solo se afianzaría sino que se convertiría en un personaje mediático cuyos pasos resonarían más allá los límites de la bicicleta

Pero algo no iba bien. El ciclismo gozaba de corredores de altísimo nivel y los veranos se convertían en una especie de lucha de todos contra Armstrong para ver quién sería el primero en destronar al rey en su carrera. Pasaron Ullrich, Pantani, Beloki, Mayo, Klöden, Basso… y nadie consiguió someter al Boss. Algo fallaba. La historia perfecta tenía algo escondido en el guión. Demasiada tiranía, demasiado poder.

El entorno, aquel concepto ambiguo e intangible tan de moda en otro conocido deporte, ya intuía que cabía la posibilidad que Armstrong fuero otro de tantos que habían caído a las tentaciones de la manzana prohibida. Al fin y al cabo, en el pelotón “todo van drogados” y tampoco hubiera sido una gran sorpresa.

En noviembre del 2000 se iniciaría una investigación al equipo US Postal que acabaría dos años después sin ningún resultado aparente, aunque las sospechas no cesarían. La salida de un par de libros con testimonios que relataban algunas ramas del presunto sistema de Armstrong añadirían presión al corredor, que llegaría a la máxima expresión con las pruebas que l’Equipe, periódico que siempre ha sido reticente a las victorias del americano, publicaría en 2005, año de su primera retirada.

¿Qué era del ciclismo entonces? Un deporte mucho más amplio que a finales de los 90, cuando creímos ser el centro del universo gracias a los éxitos de Indurain, y con una idea  mucho más globalizada e internacional. El ciclismo ya llegaba más allá de las fronteras de la Vieja Europa, y guste o no, la eclosión de Armstrong fue un elemento clave en este proceso. 

Su imagen, su historia y sus victorias fueron reconocidas en todos los rincones del globo, mucho más allá de las dudas y sospechas que caían sobre él. Todos los niños que soñaban con el Tour querían ser como Lance, y el resto del mundo deportivo corrió a acercarse al mito llevando su pulserita amarilla. No era un simple ciclista. Era una marca. Lance Armstrong

La mítica revista TIME le incluyó en sus lista de los 100 personajes más influyentes en 2008 por compartiendo lista con el Dalai Lama, Barack Obama, Michael Bloomberg o Steve Jobs. Aquel año fue el del anuncio del regreso. “I’m back”, dijo, con la intención de potenciar la lucha contra el cáncer, y ya de paso, mirar de volver a ganar en Francia.

El año siguiente, ya de nuevo con maillot, se vio un Lance diferente. Mucho más cercano y relajado. Conocedor de que su imagen había sido puesta en duda en reiteradas ocasiones, quiso crear un programa  antidopaje propio junto a Don Catlin, reconocido experto en la materia, para demostrar que estaba limpio. Además, colgó en la web de su fundación los resultados de siete controles de finales de 2008. Insuficiente para la Agencia Francesa Antidopaje, quien valoró aunque sin llegar a hacerse efectiva, la posibilidad de sancionarle por violar las reglas en un control en marzo

Limpio o no, todas las carreras se pegaban para poder adjuntar el nombre del texano en su cartel. El Giro lo consiguió, y la Vuelta a Castilla a León tuvo más seguimiento que en todas sus ediciones gracias a la presencia del corredor de Astaná. Tal es la grandiosidad de su figura, que nadie dudó en erigir un pequeño monumento en Antigüedad (Palencia) para recordar que allí fue donde Armstrong se fracturó la clavícula en su preparación para el Tour. En la Grande Boucle, por cierto, acabó en un meritorio tercer puesto, en la primera imagen de Lance en París sin el amarillo.

Y como pasaba en el campo de batalla, cuando los soldados huían al ver a su rey caer, las derrotas de Lance en Francia diluyeron por completo la lealtad de sus antiguos gregarios quienes por cierto, la espada de Damocles había caído ya sobre ellos. Landis fue el primero de los grandes en querer morir matando en 2010, y otro que creció y engrandeció a la sombra del tejano, Hamilton, también admitió que Armstrong se dopaba justo un año después.

Los testimonios y las declaraciones de personajes tan próximos al de Austin, junto con las palabras también reveladoras de la mujer de Frankie Andreu, hicieron que los vientos cambiaron. Así lo entendió la USADA, quien hizo su entrada en escena a principios de 2012 y posteriormente acusaría formalmente a Lance de haberse dopado. La Agencia avisó primero y pegó después.

¿Sería pues verdad, que el gran Lance Armstrong también era mentira? ¿Que el gran icono del ciclismo moderno nos había engañado a todos? ¿Otra vez tener que volver a empezar?

Inicialmente Lance negó cualquier acusación y se limitó a recordar que nunca había dado positivo, pero el asfixiante peso de los datos que se iban revelando y saliendo a la luz condujo al héroe a decir un basta que se entendió como la aceptación de unos hechos iban cogiendo cada vez más forma y volumen.

Una forma, por cierto, que también han contribuido en dar excompañeros como Hincapie o Leipheimer al reconocer que ellos, junto a su líder, también usaron productos dopantes.

Algunos dirán que la caída de Armstrong era inevitable a la vez que necesaria para luchar contra los tramposos y volver a creer en el deporte limpio. Otros dirán que esta tormenta no hace nada más que hundir más las ruedas en el barro, y acusarán a los testimonios de oportunistas al reconocer los hechos en el ocaso de su carrera o ya retirados.

Seguramente ambas versiones tendrán un alto porcentaje de razón, pero el gran perjudicado es el ciclismo en sí. La UCI da una imagen de ineptitud deplorable y oscura, el Tour tiene siete de sus ediciones sin ganador, los patrocinadores huyen para no relacionarse con el ciclismo, el corredor  más mediático resulta que era falso y los aficionados volverán a desconfiar de cualquier caballo ganador…

¿Qué hacemos ahora? Pues la verdad es que considero que ha habido épocas mucho peores y sangrientas. El caso Armstrong se relaciona con el lustro negro del pelotón, que tuvo su expresión más amplia en la Operación Puerto, y pocos ciclistas de entonces están ya a primera línea. Además, la probada red de dopaje de US Postal, al fin y al cabo, no era más que la continuación de lo que descubrimos en el 1998. Doloroso, pero nada nuevo.

Positivos los habrá más, seguro. Pero considero que hay que seguir creyendo en la nobleza de este deporte, como también se cree en la limpieza del futbol a pesar de presuntos partidos amañados, en la NBA de la compra de árbitros, o en el tenis a pesar de las redes de apuestas detectadas.

Los que se saltan las normas tienen que pagar, sin duda, pero considero excesivo el escarnio público con el que se está tratando a Lance Armstrong, protagonista de nuestra historia reciente y que con su trayectoria ha evolucionado la concepción internacional del Tour y el ciclismo.

En España defendimos hasta la saciedad Valverde y su Val.Piti, y la prensa minimizó el chuletón de Contador. No caigamos en la histórica y milenaria tentación de disfrutar con la caída de un grande.
Lance ha sido, limpio o no, protagonista de la historia del Tour y de todas nuestras recientes tardes de verano. Que pague como han pagado muchos, pero basta de enterrarle y de querer olvidar algo que siempre quedará en la memoria del ciclismo.

27.8.12

SI LA VUELTA SE LLAMARA TOUR




Jornada de descanso en La Vuelta. Día para sacar las primeras conclusiones de una carrera que se atisba emocionante y, sin sobresaltos,  para recuperar todas las fuerzas después de 9 etapas.
Lo primero que se le pasa a uno por la cabeza es la intensidad con la que se está corriendo, así como la energía que desprende cada uno de los finales de etapa. La propia clasificación general, con los 19 primeros corredores en 4:30 de diferencia así lo confirma, y los numerosos ataques cada vez que la carretera invita a hacerlo complacen al espectador.
No se puede negar que a la Vuelta le falta la grandeur del Tour, desde la mística de sus carreteras a los suculentos premios repartidos, pero por lo que se ha visto en carrera, esta edición no tiene nada que envidiar a la ronda vecina ni mucho menos. Volviendo al dato anterior, por ejemplo, Levi Leiphemer ocupaba la 19ª posición después de la primera jornada de descanso pero ya se encontraba a 9 minutos, lo que elimina a un gran abanico de corredores para la lucha de la general o el podio.
En el cajón honorífico, Wiggins y Froome ya hacían casi imposible cualquier movimiento ajeno a sus intereses, mientras que en La Vuelta tenemos que llegar al 6º puesto para encontrar un corredor, Dani Benítez del Katusha, que repita maillot. Así que los intereses de los corredores fuertes de la general, al contrario que en el Tour, no son para nada comunes y facilitan las emboscadas.
Quiero celebrar además que La Vuelta parece haber abierto un poco más las fronteras estos últimos años. Actualmente solo hay 6 corredores españoles en las 20 primeras plazas, aunque no sabría decir si es por falta de relevo generacional en nuestro pelotón, o porque la carrera despierta más interés entre los corredores extranjeros. Lejos quedan ya por fin los años en que el Top Ten era copado por más de un 70% de corredores españoles, llegando incluso a ocupar en la Vuelta que ganó Roberto Heras en 2004  unas poco valoradas 23 de las 25 primeras plazas. En cambio, el año pasado solo Juanjo Cobo estaba en las 8 primeras plazas, las cuales contaban con el actual podio francés, Wiggins, Froom y Nibali.
La internacionalización de la carrera conlleva que la prensa de los otros países también meta la nariz en algo más allá del Tour, consiguiendo más seguimiento en todas partes. Seguramente a ellos no les gustará por la mínima presencia de corredores franceses, pero que el Tour repartiera sus 17 primeras plazas después de la primera jornada de descanso a 14 nacionalidades distintas es un auténtico reclamo mediático. Aquí parece que empezamos a seguir una línea globalizada que debería conllevar buenos resultados a medio y largo plazo.
En el plano deportivo, Rodríguez seguirá pegándose para acumular los minutos que va a perder en la crono, lo que nos garantiza más espectáculo y fuegos artificiales en las cumbres. Me pregunto por qué no vuelve algún año a aTourizarse y batallar curva a curva también en los Alpes. Contador, que no va lógicamente lo súper que ha llegado a ir y Valverde son nuestras bazas más firmes para el rojo final, pero en el caso del murciano aún se puede esperar su maldito mal día en carreras de 3 semanas. Todos ellos intentarán ahogar a un Froome que está haciendo una de las mejores temporadas en las grandes vueltas en los últimos años desde el espectacular Carlos Sastre de 2008 con su Tour y podio en la Vuelta o NibalI en 2010 con Vuelta y podio italiano.
Con más de media carrera por delante y los 4 magníficos con ganas de marcha, esta Vuelta, sin tener que llamarse Tour, nos hará disfrutar mucho.

24.8.12

CUANDO ARMSTRONG DIJO BASTA




Lance Armstrong lanzó esta mañana una bomba que ha llegado a todos los estamentos deportivos y ha creado una gran ebullición en las redes sociales. El americano colgó en su web la renuncia a seguir luchando para demostrar su inocencia en los hechos que la USADA, Agencia Antidopaje de EUU, le inculpa sobre su presunta red de dopaje entre los años 1999 y el 2005.

El americano fue el gran dominador del ciclismo moderno, cambiando los métodos de entrenamiento y basando el éxito de toda la temporada en su rendimiento el la ronda francesa. A través de un estilo agresivo en montaña e imparable contra el crono, Armstrong construyó a su alrededor un equipo de leales gregarios que le llevó a tiranizar todas las ediciones del Tour desde el lluvioso prólogo de Le Puy de Fou del 99 hasta París 2005.

Durante toda su dictadura, la sombra del dopaje se fue ciñendo sobre  el que ya se había convertido en icono mediático, mucho más allá del ciclismo o el deporte. Su historia, la de un superviviente al cáncer y de la lucha diaria, iluminó a un público dolido un año después del escándalo Festina, pero empezó a oscurecerse después de relaciones con doctores de dudosa reputación, así como de mostrar al público la arrogancia del que se sabe ganador y el mejor o incluso de reconocer su amistad con el presidente Bush.

En España, país posesivo y reticente a lo desconocido, Armstrong pasó a ser el enemigo número uno en el momento que la posibilidad de batir el mito Indurain empezó a ser real. Así, en 2003, en el Tour del centenario y de la caída del Beloki más valiente, España pareció adoptar a Ullrich como propio, en un último intento de destronar al americano antes de ponerse a la altura del navarro.

Entonces, las acusaciones sobre dopaje ya eran frecuentes. L’Equipe nunca acabó de ver con buenos ojos el estilo del americano en su carrera, ya rebautizada como Le Tour de Lance, por lo que año tras año fue sembrando dudas y sombras encima de la extraña historia de alguien que nunca destacó en las grandes vueltas antes de su enfermedad.

Precisamente el mismo periódico francés publicó hace 7 años en lo que calificó como “Le Mensonge Armstrong” (La mentira Armstrong), las pruebas que demostraban presencia de EPO en los análisis de orina del Tour de 1999. Entonces ya estaba en todas las librerías L.A. Confidentiel – Les secrets de Lance Armstrong, que mostraba evidencias de dopaje según su ex-masajista Emma O’Reilly y otras personas de su entorno.

El filón comercial del dopaje se seguiría exprimiendo con otros libros, como “L.A. Officiel” (Octubre 2006) y From Lance to Landis” (Junio  2007); lo que demuestra la globalidad del personaje más allá de las carreteras.

“The Boss”, el que nunca había sido derrotado en la carretera, tenía enfrente al enemigo más fuerte: sospechas, acusaciones y realidades de las que se defendía con una frase: “He pasado más controles que nadie y nunca he dado positivo”. Cierto, pero a ojos del mundo era como tantos otros. Ciclista. Ganador. Sospechoso. Culpable.

Además, muchos de sus compañeros de equipo reconocieron haberse dopado, mientras que otros testificaron en su contra o simplemente cayeron en los controles deportivos: caso de Hamilton o Landis. Si todos ellos tenían un pasado oscuro y estuvieron en el US Postal o posterior denominación, ¿no sería Lance como ellos? El ruido alrededor de su figura iba desgastando la imagen de hombre fuerte e impenetrable, convirtiéndose en fruta madura que en algún momento harían caer si no caía sola.  

Pero los libros y los rumores, al fin y al cabo, no tenían poder suficiente para demostrar que Armstrong ganó bajo el efecto de las sustancias prohibidas. Poder que sí tenía la USADA cuando le acusó abiertamente el pasado Junio de haberse dopado.

Ésta ya no era una acusación particular que pudiera acabarse con un pacto extrajudicial, con una transferencia o un cheque en blanco. La USADA iba contra él, y demasiada gente quería su caída. Una derrota que no vieron en las carreteras y que ahora anhelaban ver tantos años más tarde. El Tour de Lance pasaría a ser una farsa y la historia le daría la espalda si se podían demostrar las acusaciones. Y el penúltimo capítulo fue la desestimación de la demanda del acusado contra el acusante el pasado 20 de agosto. Todo seguía igual. Hacia delante. Sin marcha atrás. Sin salida de emergencia.

Hoy, Lance Armstrong ha dicho basta. “Enough is enough”.  Que digan lo que quieran. Que le quiten lo que deseen. Ya se ha dejado demasiadas cosas por el camino. Demasiadas fuerzas gastadas y demasiado coste. No seguirá luchando para demostrar que es el mejor ciclista de la historia del Tour. Ya no.

Su decisión se entenderá de todas las formas posibles, pero la Agencia ya ha presentado la propuesta para retirarle todos sus triunfos desde 1998. Este organismo no tiene potestad para quitarle ningún triunfo de manera oficial, pero es habitual que la UCI, el órgano competente, ratifique las propuestas de federaciones y agencias nacionales.

Veremos lo que pasa y tendremos que esperar para saber si la historia del ciclismo moderno cambia definitivamente.

Hoy, por primera vez, Lance se bajó de la bicicleta. Lance, dijo basta

26.7.12

EL TOUR. ESA CARRERA A LA CARTA



Bradley Wiggins plantó la Union Jack en París por primera vez, territorio aliado hace 70 años, pero que aún no había invitado a un británico a celebrar un podio del Tour desde lo más alto. El pasado domingo, este ciclista nacido en Bélgica pero inglés de adopción, hizo sonar el God Save the Queen en los Campos Elíseos.
La victoria de Wiggins no ha sido ni mucho menos espectacular. Algunos le han comparado con Indurain, pero lo más parecido a él es la capacidad innata de mover plato en la solitud de la CRI. Pocos ganadores de la ronda francesa han sido tan poco favoritos para el año posterior en tan poco tiempo como lo está siendo el inglés.
Pero tampoco hay que ser injustos. Tal como dijo, seguramente hemos echado de menos a un Pantani reventando montañas desde los valles, pero sacar casi 3 minutos y medio al segundo clasificado no lo consigue cualquiera. Nunca sabremos qué hubiera pasado si Froome no hubiera vestido de negro, o si Nibali hubiera tenido algo más de fuerza. O, simplemente, si unos tales llamados Contador y Schleck hubieran tenido dorsal.
El pasado octubre Christian Prudhomme presentaba recorrido del Tour encaminado a "aumentar el abanico de candidatos”. En aquellos momentos seguramente Dave Brailsford, manager del equipo Sky, estaría deshojando la margarita para escoger el futuro ganador. ¿El ligero o el potente?
Evidentemente la carretera dictaría sentencia, pero si observamos los gráficos posteriores llegamos a la conclusión que, meses antes del inicio del Tour, la organización ya pasó un primer filtro a los primeros favoritos para llegar de amarillo a París.
Al final del documento hay la comparativa de los últimos 7 Tours (desde el fin del monólogo Armstrong) en relación a la diferencia de kilómetros entre puertos de montaña y contrarreloj. Evidentemente habrá otros datos valorables, pero desde un punto de vista puramente decisivo, la experiencia engloba los puertos catalogados de 1ª o de HC como momentos de superioridad real para el escalador. Así pues, se ha elaborado un resumen que ayuda a comprender la importancia del tipo de recorrido en una prueba de este tipo y que, básicamente, intenta hacer ver por qué no es tan extraño que en París se hablara inglés por un día.
Evidentemente no se puede generalizar, y solo el hecho de haber conquistado la reina de las pruebas ciclistas convierte a los integrantes del podio en superdotados en todos los aspectos, pero según la carrera de cada uno es más fácil etiquetarles como ciclistas escaladores o contrarrelojistas
Si nos fijamos en los resultados vemos que el Tour 2012 tiene muchos más kilómetros de CRI que otros, solo superado por aquel extraño 2006 y por el vibrante de 2007.  Así pues, si añadiéramos a Landis, en esas dos ediciones habría cuatro corredores de clara tendencia a las CRI, además de añadir el accidente Pereiro (absolutamente sorprendente como merecedor del Tour) como otro ciclista cómodo contra el crono.
Así pues, teniendo en cuenta el cartel de este año y el acorazado británico del Sky, Wiggins era el máximo favorito para la victoria desde que se desveló el trazado. Solamente el Evans del año anterior hubiera tenido alguna posibilidad.
Y con los mismos participantes, ¿quién sería el ganador de una réplica de 2010 ó 2011, con diferencias de más de 180 kilómetros entre montaña y lucha contra el crono? Entonces, incluyendo en el cuadro a Contador, solamente el mejor Menchov o el todoterreno Evans se colaron en la fiesta privada de los ciclistas alados: el español, los Schleck, Samuel, Voeckler, Cunego…  ¿Qué papel hubiera tenido Wiggins?
Este Tour ha echado de menos antiguos campeones, pero el nuevo portador del amarillo jugó sus bazas a la perfección. Poco más hay que decir de alguien que ha ganado el 90% de sus victorias de etapa contra el crono. Se resguardó en su  escudero cargante Froome (humillarle dos veces le convierte en poco leal) en momentos de dudas, y alzó un reivindicativo puño al aire en su exhibición del penúltimo día. Al final, consiguió poner en París la guinda a un pastel que llevaba su nombre desde hacía muchos meses.
¿Quién interesará, pues, que cope el primer puesto en la rampa de salida de los favoritos del Tour 2013? ¿Montañas o autopistas? ¿Piñones o platos? El próximo 24 de octubre, algunos no podrán ocultar una sonrisa. 
Si hacéis click en las comparativas, se podrán ver en tamaño real. Son interesantes de ver!